Correo electrónico: elianne(arroba)gmail.com
Meditando con Laika © Todos los derechos reservados al autor
Esta bitácora se mantiene con Bitacoræ.

La extraña felicidad de leer a Virginia Woolf. Su diario.
Todos los diarios me aportan una ocasión para reflexionar sobre la muerte, Laika.
Leer a Virginia Woolf es entonces, digo, pensar sobre la muerte. Su muerte, que llegó en el momento que tuvo que llegar aunque ella lo eligiese. Y mi muerte, que llegará a su hora. Y la tuya, Laika. Y la de Shiva y Buda, los dos perritos de la pradera. Todos, toditos tenemos que pasar por este camino, dicen, que es la muerte.
El diario de Virginia Woolf es, sin embargo, algo que reboza de vida, de energía, de pasión por la vida aunque Virginia ya solo sea apenas un granito de arena. Es entrar en aquel momento, el momento de Virginia viva, y compartir lo que es, pero que ya no es. Una sensación muy extraña, Laika, el de estar en un lugar que ya no existe, que el tiempo ha borrado, como estos pasos del caminante sobre la nieve. Un tiempo olvidado igual que estas casas que siguen de pié pero sin la risa de los niños que la habitaron, ni el parpadeo de los miles de ruidos que hacían sus habitantes, que hacían de esta casa un lugar cálido, desbordante de energía; sus voces, sus lamentos, sus carcajadas, el sonar de los cubiertos sobre la mesa y el gemido de las llamas de la chimenea...
¿Dónde está todo esto que se llama la vida y que abriendo un libro uno de repente encuentra, como si nada, como si 80 años no hubiesen transcurrido, como si el tiempo simplemente no hubiese pasado?
Me parece milagrosa esta capacidad de recrear la vida sobre algo que no existe. De una mujer que murió hace muchos años. De poder entablar con ella, con su arte, una conversación. Ella que ya no está, que jamás estará. Ella, fantasma pero fantasma vivo, presente en este diario suyo que tengo entre las manos.
Ah, Virginia, amiga mía...
Siento tu presencia como una sombra, a mi lado. Puedo hasta llegar a oír tu voz, y hasta a verte, seria y triste mirando por la ventana. O irónica y astuta entre tus amigos. O, claro, a ver tu gran inteligencia, regalo que me ofreces en este diario escrito en 1928.
¿Dónde estas? Ya no eres cuerpo, ni mente, ni vísceras, ni risa ni llanto ni inteligencia. La muerte te sitúa en otro plan, te aleja de la vida. ¿Es que es así?
Yo tambien un día ya no seré nada. Como Virginia, me transformaré en aire, en arena, en vacío. Todo lo que he amado, querido, tambien pasará en este mundo de lo inestable, si es que se puede llamar así a la muerte. Mis amigos, mis bestias... Mis sueños y mis alegrías, todo sin consistencia, valor alguno. Desapareceré, pero ¿dónde?
Y sigo preguntando, ¿qué es esto que hay cuando leo a Virginia Woolf, que es todo menos muerte? ¿Y que me llena de tanta vida?
(Escuchando a Eric Satie por Yuju Takahashi, Gymnopedies I )
Lydia | Categoria: General | Enlace permanante
Comentario de Muralla hace 4 años y 48 meses
Comentario de Magda hace 3 años y 48 meses
Comentario de elvis calatayud hace 3 años y 48 meses
Comentario de rosa hace 3 años y 48 meses
Comentario de Corazón... hace 3 años y 47 meses
Comentario de Rosa hace 3 años y 47 meses
Comentario de Magda hace 3 años y 47 meses
Comentario de lydia hace 3 años y 47 meses
Desde 2004