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Meditando con Laika © Todos los derechos reservados al autor
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Si tuviese una casita en el campo, Laika, tendría muchos animales. Y entre ellos un burro. Sí, Laika querida, un burro.
Un burro, un simple burro, un burrito de largas orejas espesas y suaves.
Un burro como el Platero de mi infancia, el que hizo de mi una animalista.
Como el que tiene mi vecino. Un burro cansado y con el lomo ondulado de haber tanto trabajado. Cansado su lomo de todo el peso de su vida de burro.
Cada día ahí está, su sencilla presencia alegrando el cortijo. Me gusta mirarlo. No hace nada, apenas se mueve, a ratos sus orejas van y vienen. Y con su boca burlona no para de acariciar la tierra, a sus pies, buscando algo para comer.
Y entonces grito:
¡Eh! ¡Burro, burrito!
Pero no me oye, o hace ver que no me ve. Concentrado y silencioso. Parece viejo pero yo creo que es un burro muy bonito.
Es de color gris, de un gris de cielo de otoño antes de que llueva. Con algunas manchitas negras. Y tiene unas patas finas y fuertes a la vez, ligeramente estilizadas.
Me gusta mirarlo, me quedo quieta y me imagino su vida de largas tareas silenciosas y de gran soledad. Sus orejas van y vienen, parecen dos alas de pájaro, dos alas traviesas. Y su boca, espesa y suave va y viene sobre la hierba verde.
Me gustaría ver sus ojos y ver en ellos su corazón de burro, un corazón tierno y manso estoy segura. Pienso en los palos que ha debido recibir y en los pesos que ha debido llevar y se me llena el corazón de una entrañable ternura. Si este burro fuese mío yo lo peinaría cada día para que su pelaje brillase como la plata. Seria mi burro de plata, simplemente.
Es majestuosa su cabeza que mira el suelo, como concentrado y meditando... Un día me acercaré hasta él y me agacharé y entonces veré sus ojos, estos ojos que yo sé son como dos soles negros con largas pestañas. Y entonces le diré lo que siempre he tenido ganas de decirle a un burro,
Valeroso burro del campo, fuerte y tenaz trabajador, ven a vivir con migo en mi casita, no tengas miedo, siempre tendrás paja fresca y buena hierva para tu boca regalona. Y por la noche podrás dormir en paz, lejos del frío y de la lluvia, lejos de los dolores y de la monotonía. Haré brillar tu pelaje para que la luna pueda reflejarse en él, mi burrito de plata. Y adornaré tus risueñas orejas de flores frescas. Y sobre tus ojos posaré mis manos de niña traviesa.
Si, Laika, si tuviese una casita de campo yo me llevaría a este burro querido...
Lydia | Categoria: General | Enlace permanante
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